A ver por dónde empezamos, chavales. Por lo que veo en la última entrada, no actualizo desde finales de enero. Bien. Así que me temo que la entrada de hoy va a ir de cambios.
Para empezar, desde que os dejé la maravillosa vista desde la ventana de Le Cuchitril me he mudado de piso. Se acabó Le Cuchitril. Ahora vivo en el centro con la gente bohemia y guapa, mucho más acorde a mi nivel. No sólo eso, sino que encima comparto piso. Sí, el huraño de Víctor compartiendo espacio con otros seres humanos. Los que me llenan la cocina de mierda son un checo, un húngaro y un estadounidense. Parece el principio de un chiste malo. Además, los tres son unos personajes. Para que os hagáis una idea, el otro día me llega el checo diciendo que era el cumpleaños de su compañera de clase, una española, y que si podía ayudarle a traducir un soneto de Shakespeare para recitárselo. La había conocido dos semanas antes. Al final conseguí convencerlo de que no era buena idea. El húngaro toca siempre las tres mismas canciones en la guitarra y se alimenta básicamente de judías en lata. Se va a hacer "escalada" por las noches y los fines de semana siempre me pilla en la cocina para contarme la decepción de la noche anterior, cuando intentó ligarse a tal tía y no le hacía ni puto caso. El estadounidense bien podría ser catalán. Su pregunta favorita es "¿cuánto cuesta?", y hasta el otro día, en una fiesta, mientras estaba intentando ligar con una danesa, encontró una moneda de 50 céntimos de corona y cortó la conversación sólo para agacharse a recogerla. Así de personajes son mis compañeros. Eso sí, totalmente entrañables, siempre me tienen entretenido.
Otro cambio es que me he apuntado a clases de danés, porque parece que me sobra tiempo, no tengo suficiente con las mil horas de proyecto. Y nada, me metieron en una clase que había empezado un mes antes, porque soy Dios en pelota. Voy nada menos que cinco horas a la semana. Eso sí, mi uso del danés se sigue limitando a decirle al cajero del supermercado "nej, tak" cuando me quiere dar el ticket.
El último cambio de planes es que es probable que me quede en Aalborg bastante más tiempo de lo previsto. Pero, como no quiero adelantar acontecimientos, eso me lo reservo para más adelante. ;)
Entre tanto, os dejo este anuncio de VisitDenmark.com que explica cómo, si vienes a visitar Dinamarca, puedes tener la magnífica oportunidad de pasar una noche de locura con una danesa borracha. Y tener sorpresa meses después.
lunes, 19 de marzo de 2012
domingo, 29 de enero de 2012
¡Nieve!
viernes, 27 de enero de 2012
Ni frío ni calor
Quería demostraros una característica del clima de Dinamarca que suele llamar la atención a los españoles: lo poco que varía la temperatura aquí a lo largo del día, pese a lo cambiante que es el tiempo. Mirad la previsión para hoy y mañana:

La línea azul es la de la temperatura. A cero grados todo el día, ¡ni frío ni calor, niña! Lo cierto es que con el viento que está haciendo te quedas como Ricardito si te das un paseo, pero todavía se aguanta bien.
Volveremos tras la pausa.
La línea azul es la de la temperatura. A cero grados todo el día, ¡ni frío ni calor, niña! Lo cierto es que con el viento que está haciendo te quedas como Ricardito si te das un paseo, pero todavía se aguanta bien.
Volveremos tras la pausa.
jueves, 26 de enero de 2012
Fiesta Cuchitril
Buenas tardes por la noche. La historia del día es que ayer se me llenó Le Cuchitril de gente con la cosa ésta de la "inauguración" del piso. Es lo más parecido a una fiesta que ha vivido -y, probablemente, que vaya a vivir- el agujero en el que me escondo. Estuvo guay la cosa, muchas cervezas y patatuelas, y la gente sorprendiéndose de lo habitable que es el zulillo después de llevar meses escuchando mis quejas. Cucha, si hasta improvisamos un frigórifico auxiliar en la ventana -porque en el mío no cabe ni media lata de atún-, como podéis ver en la foto:
domingo, 22 de enero de 2012
CEDK 2012: Resurrección
Bueno, pues sólo han pasado tres meses. Ya comenté que iba a intentar escribir más a menudo aquí y ya veis que siempre cumplo mis promesas. Varios factores me han impedido actualizar esto; entre ellos, la más absoluta de las flojeras. También la falta de tiempo y el hecho de que se me escacharró la cámara hace ya bastante tiempo. Pero aquí está el tío dando guerra otra vez, y esta vez juro por el niño Dios que fue ahorcado en la cruz que cogeré la costumbre de ir contando cosas. Por lo pronto, podéis esperar un montón de fotos en breve. Pero eso lo dejo para otro día.
En estos tres meses he hecho varios viajes que relataré en su momento. Incluso he hecho turismo en mi propia ciudad, quién lo iba a imaginar. Por lo demás, la vida sigue más o menos igual: muchos días de trabajo y muchas fiestas. El proyecto está cada vez más interesante, aunque veremos a ver si no se nos va de las manos. Le Cuchitril sigue en pie y pronto se procederá a su apertura oficial al público -¡seis meses después!-. Es lo que tiene vivir donde Jesucristo perdió la chancla. Ah, ya no quedan buenas blasfemias como las de antes.
Una cosa sí os tengo que decir: los que no habéis estado de Erasmus no imagináis lo irritante que puede llegar a ser tener que escuchar las mismas cuatro canciones en todas las fiestas. Cada vez que oigo esto o esto me entran ganas de pegarme siete tiros. Pero no penséis que la cosa mejora si te vas a un bar, porque en Dinamarca ocurre un fenómeno curioso: esas canciones que nos acompañaron en nuestros años mozos -o a nuestros padres, que para el caso...-, que pensábamos que se habían perdido en el olvido para nunca volver, vienen a pasar su decadente vejez a este bello reino. Y la muchachada local lo vive con entusiasmo y hasta con una pizca de orgullo: vaya coros que se marcan, abrazándose en grupo y cantando el estribillo de Summer of 69. Mi plan para cuando sea mayor es abrir un bar en condiciones aquí, con buena cerveza y tapas, a precios granadinos y con música apañada. Seguro que me voy a la ruina en dos meses. Ofú, qué gentuza.
En estos tres meses he hecho varios viajes que relataré en su momento. Incluso he hecho turismo en mi propia ciudad, quién lo iba a imaginar. Por lo demás, la vida sigue más o menos igual: muchos días de trabajo y muchas fiestas. El proyecto está cada vez más interesante, aunque veremos a ver si no se nos va de las manos. Le Cuchitril sigue en pie y pronto se procederá a su apertura oficial al público -¡seis meses después!-. Es lo que tiene vivir donde Jesucristo perdió la chancla. Ah, ya no quedan buenas blasfemias como las de antes.
Una cosa sí os tengo que decir: los que no habéis estado de Erasmus no imagináis lo irritante que puede llegar a ser tener que escuchar las mismas cuatro canciones en todas las fiestas. Cada vez que oigo esto o esto me entran ganas de pegarme siete tiros. Pero no penséis que la cosa mejora si te vas a un bar, porque en Dinamarca ocurre un fenómeno curioso: esas canciones que nos acompañaron en nuestros años mozos -o a nuestros padres, que para el caso...-, que pensábamos que se habían perdido en el olvido para nunca volver, vienen a pasar su decadente vejez a este bello reino. Y la muchachada local lo vive con entusiasmo y hasta con una pizca de orgullo: vaya coros que se marcan, abrazándose en grupo y cantando el estribillo de Summer of 69. Mi plan para cuando sea mayor es abrir un bar en condiciones aquí, con buena cerveza y tapas, a precios granadinos y con música apañada. Seguro que me voy a la ruina en dos meses. Ofú, qué gentuza.
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