miércoles, 26 de octubre de 2011

La semana de la recogida de la patata

Buenas a todos. La semana pasada (semana 42, porque aquí se numeran las semanas) fue la de la recogida de la patata, y como hice alguna que otra cosa interesante, os lo resumo aquí. Pero antes, dejadme que os explique qué lechugas es eso de la recogida de la patata. Resulta que aquí los daneses tienen una semana de vacaciones en otoño, en la que la tradición es que la familia se vaya al pueblo de los abuelos a que los niños recojan patatas. Se reconoce a los países superiores porque destinan las vacaciones a la esclavitud infantil, como ha de ser.
Como os comentaba, esta semana pasada he hecho algo que se sale de mi habitual rutina de ir a trabajar/comprar/tareas del hogar/beber cerveza, así que os lo voy a soltar por fascículos ahora mismitico.

Visita a la fábrica de Akvavit

El akvavit es algo así como una especie de orujo con un poco de sabor a anís. Es un producto típico de este país, y los daneses están orgullosísimos de él. De hecho, la marca más popular se llama Aalborg y su fábrica está en esta ciudad. Si queréis haceros una idea del sabor de esta bebida, coged la botella de anís del mono seco que lleva mil años criando polvo en la estantería y mezcladla con Listerine del amarillo. Aunque creo que la mezcla saldría más suave que el akvavit.
Pues nada, hace una semana organizaron una visita a la fábrica de tan célebre mejunje y allí que me fui. El guía era un señor mayor, trabajador de la fábrica, un auténtico showman. Nos estuvo explicando cómo fabricaban el alcohol puro a partir de trigo -un proceso bastante asqueroso, por cierto- y cómo lo mezclaban después con mil mierdecicas. Mi única decepción durante la visita es que no quiso enseñarnos a los oompa loompas.

La campaña de medidas - el RATE se moviliza

Otro de los grandes acontecimientos de la semana pasada es que ya comenzaron la campaña de medidas para nuestro proyecto y, como no podía ser de otra forma, nos obligaron a participar uno de los días. Nuestra labor se limitó, sin embargo, a pasar cuatro horas dando vueltas dentro de una furgoneta que parecía la del Equipo A. La campaña consistía en hacer rutas circulares por diversos puntos de la ciudad en una furgoneta equipada con antena, mientras un escáner tomaba medidas. Los únicos que hacían algo eran Nacho, el "research assistant" asturiano del RATE, y mi supervisor vietnamita, Huan, al que todos llamamos "Juan". Hacer la misma ruta a las afueras de la ciudad seis veces fue, cuanto menos, edificante.

Visita al consulado

Resulta que en el país en el que vivís vosotros, pobres infelices, hay elecciones dentro de un mes. Y resulta que, por desgracia, yo sigo siendo ciudadano de dicho país, con todas las obligaciones que ello conlleva (como la de tararear Paquito el Chocolatero para disimular mientras robo latas de atún en el supermercado). Pues el otro día van y me dicen que me podrían llamar para participar en una mesa electoral, cosa en la que yo ni había reparado, y que, de ser así, me tendría que comer los mocos. La solución: echar un papelajo en la embajada en Copenhague diciendo que mire usted, yo me he venido a las Escandinavias y no me vuelvo a Granada sólo para participar en el proceso democrático. A menos que me pague usted el viaje y me deje traerme un palé de Alhambra verde a la vuelta. Pero me da que no va a ser el caso.
El caso es que no me apetecía pegarme un viaje de cientos de kilómetros para entregar un formulario, porque eso sería como volver al siglo XVII, y yo no veo a nadie con peluca blanca. Afortunadamente, mis compatriotas descubren que en esta ciudad tenemos una cosa llamada -atención al nombre- "Viceconsulado Honorario de España en Aalborg". Decidme que eso no suena a trabajo duro, y estaréis diciendo una mentira.
Nos dirigimos a dicho lugar una fría mañana, y descubrimos que se encuentra ubicado en un edificio de abogados, en el que no hay ningún cartel que diga nada de consulados. Pues nada, ascensor y cuarta planta, a ver qué se cuece. Salimos del ascensor directamente a una recepción sin señales de ningún tipo, todo lleno de abogados. Y en las mesas, pequeños cartelitos indicando el nombre de sus ocupantes. Pero ninguna Mari Pepi ni ningún Manolo. Todo nombres daneses. Me acerco a preguntar si saben por dónde puede quedar el consulado de España, y una señora mayor me dice, extrañadísima, que me encuentro precisamente en él. La mujer que me contesta no ha aprendido una palabra de castellano en su vida, por supuesto. Así que le explico la movida extendiéndome demasiado en detalles innecesarios -se me suelen cruzar los cables cuando me rodea tanto surrealismo- y, tras intervenir Nacho, parece que la mujer entiende lo que queremos. Después de calentarle la cabeza la cabeza un rato, conseguimos que nos ponga un sello de España en el resguardo y salimos triunfantes de la visita.

La cerveza navideña


¡Resulta que estamos en navidad, señores! Todavía no hemos pasado por Halloween y ya están los supermercados llenos de farfolla navideña. Pero, de entre todas las folletadicas, me quedo claramente con una:

¡Qué bonica!

¡Una cerveza con copos de nieve! ¡Qué ilu! Lo cierto es que la cerveza en cuestión sólo tiene un grado más que cualquier cerveza normal y quizá un toque dulzón porque lleva jarabe de glucosa o Vicks VapoRub o la gargería que sea que le echan a la cosa ésta. Drogaína, seguro.
Y será por ver todas estas latas azules, tan alegres y festivas, o será porque aquí hace ya el mismo frío que en Granada a finales de diciembre, pero me siento como si estuviera en Navidad. Y todavía faltan dos meses. Desde luego, los vikingos éstos saben sacarle partido a las fiestas.

martes, 11 de octubre de 2011

Dos meses ya

Increíble que haya sobrevivido ya dos meses en esta ciudad. Y lo celebro estrenando álbum en el Flickr, llamado "Romerías varias" porque pretende ser un cajón de sastre de fotos de fiesta y tonterías surtidas, como ésta:

¡Cúchilo!

Podría hacer mil comentarios aquí sobre las fotos, pero me los reservo para el Flickr. Ya sabéis por dónde queda.
En cuanto a cómo me va... aquí hace ya un frío del copón, con máximas de 11º y toda la pesca. Verás tú el inviernico con los osos polares. El proyecto va más o menos avanzando -entre partidas de ping pong- y la vida sigue estando igual de cara. Eso sí, aquí la fiesta no decae.
Nada más, intentaré actualizar esto un poco más a menudo y hacerlo más temático. A ver si tengo cojones, opá.

martes, 4 de octubre de 2011

RATE A6-127

Digo yo que también podría mostraros un poco la maravillosa habitación que nos han asignado a Carmen y a mí en el pasillo del RATE (Radio Access Technology) en el que curramos. Tenemos de todo: dos pizarras, un corcho, cuatro mesas, dos ordenadores, estanterías, un lavabo... y ya está. Lo cierto es que me esperaba algo más puntero, un laboratorio así como con rayos láser y gente disfrazada de astronauta. En su lugar, me encontré con que una araña me abría la puerta el primer día.
Para que veáis que por mucho que me manden al quinto pino no pierdo mi esencia, os dejo esta fotico con el mensaje de ánimo que tengo puesto en la pizarra para ayudar a trabajar a Carmen. La tengo fritica.

Le Cuchitril: Presentación oficial

Buenas, gentuza. Ya sé que hace tiempecillo que no escribo, pero es que me da una pereza increíble. Y entre el trabajo y las romerías varias no tengo mucho tiempo.
Hace unos días colgué en mi Flickr unas cuantas fotos del agujero en el que habito, conocido cariñosamente como Le Cuchitril -o la Suite Ortega Lara, si lo preferís-. No es que sea un palacio, pero al menos tengo lo que necesito y no tengo que lidiar con nadie más.
El sitio en el que vivo es un tanto curioso, porque mientras la mayoría de la gente comparte piso con otros Erasmus -o incluso vive en bloques donde todo el mundo es Erasmus-, yo estoy aquí metido con familias danesas, y casi nadie aquí habla inglés. En el sótano tenemos una lavandería por la que no tengo que pagar ningún extra -será lo único que me sale "gratis aquí-. Como siempre he dicho que hay que amortizar los gastos, me propongo ser el tío con los calzoncillos más limpios de este recóndito país.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Y va un mes

Buenas a todos. Hace bastante que no escribía, pero es que he estado bastante ocupado. Como habréis deducido del título de la entrada, hace un mes que llevo ya en este recóndito lugar. Y la verdad es que se me ha pasado volando. Ha llegado un punto en el que se me olvida que estoy viviendo en el extranjero y que me paso el día hablando en inglés. Y eso que soy de los que creían que aquél que se adentrara más allá de Despeñaperros sólo iba a encontrarse con bestias sin catalogar por la ciencia y la ira de los dioses.
Tengo tantas cosas que contar (y tan pocas que deba contar en público) que no sé por dónde empezar. Empecemos por la vida Erasmus. Quizá no sea el más indicado para hablar de esto, porque soy de los pocos que han tenido que empezar a estudiar ya, pero dejad que os diga una cosa: viva Zapatero y sus 600 euros. Esto es una fiesta continua. He conocido a tanta gente que tengo un cacao impresionante de caras, nombres, nacionalidades y carreras. Para colmo, la ciudad está plagada de españoles.
Hablando de fiesta, dejad que os comente algunas cosillas de la vida nocturna de aquí. Como ya os dejé caer en la otra entrada, las bebidas son ofensivamente caras, por lo que la costumbre es empezar la fiesta en el piso de alguien y acercarse a última hora a "la calle". Y es que solamente tenemos una calle de bares, Jomfru Ane Gade. La primera vez que me acerqué me sentí poco menos que decepcionado: tenía entendido que era la calle más famosa de toda Dinamarca, y es una calle peatonal, estrecha, con unos 20 bares/pubs (¡a ojo de buen cubero!). Pero quizá sentí la mayor decepción cuando comprobé que una sociedad tan avanzada y cívica como la danesa gasta una borrachera cien veces peor que la española. Aquí eso de la amistad alcohólica no se estila; la gente gasta una mala leche impresionante cuando bebe. Atravesar la calle por la noche es poco menos que una odisea, con tanto zombi dando tumbos.
Por cierto, me acabo de acordar de una anécdota que me pasó el primer día que me acerqué a un bar de estos. La terraza estaba llena de "hooligans" con camisetas de fútbol, porque era sábado y habría partido. Pues bien, uno de estos personajes se me acerca y me empieza a gritar algo en danés al oído. Le digo que no entiendo ni papa, y vuelve a levantarse, muy pensativo. Tras resolver la discusión con sus demonios internos, se le enciende la bombilla y vuelve a acercarse a mí. Imagino que me va a pedir un mechero o algo, pero simplemente empieza a canturrear "I like licking pussy, I like drinking beer!". No sé ni cómo se llamará este chaval, pero desde entonces es mi filósofo favorito. Yo lo he apodado "Aristócrates", que suena como grandioso.
En cuanto a los estudios, ya tengo asignado el proyecto, tengo la llave del laboratorio (conocido coloquialmente por los veteranos como la "Spanish room") y una montaña de material por empollar. Estoy a la espera de que llegue mi compañera de proyecto y otro chaval español que nos va a ayudar un poco, y que la compañía telefónica local nos dé luz verde para empezar. El día 22 tengo la primera fiesta de empresa, y ya me han dicho que me vaya preparando, que aquí los profesores no tienen miramientos a la hora de servirte chupitos.
La vida en este país no me disgusta para nada, y casi estoy viviendo como un danés más. Tengo mi bici, que me apañé en la subasta de la policía del día 31 -pero eso os lo contaré en otra entrada-, así que no tengo problemas para desplazarme, cuando me lo permite la lluvia, claro. Es posible que la ciudad se me quede pequeña en unos meses, porque no hay tanta cosa que hacer o ver por aquí, aunque como siga pasando el tiempo igual de rápido que este mes, no me voy a dar cuenta. Suponiendo, claro, que sea capaz de sobrevivir este invierno. Quizá me debería comprar un traje de astronauta.

lunes, 29 de agosto de 2011

La cerveza prometida

Como buen estudiante Erasmus que soy (por mucho que me vaya a dejar los cuernos ahora haciendo el proyecto), una de las primeras cosas por las que me interesé fue el precio de la cerveza en Dinamarca. Lamentablemente, las bebidas en los bares tienen un precio prohibitivo, como todo en este país. Pero todavía quedaba un rayo de esperanza, comentaban los estudiantes que habían pasado por aquí: podías encontrar cerveza en los supermercados a precios ridículos. Os podéis imaginar, pues, cuál fue mi decepción el primer día al ver que las cervezas más baratas que encontraba estaban a unas 6-7 coronas la lata. No es que sea un precio excesivo, pero no era lo prometido.
Pues bien, el otro día estaba comprando en Fakta como de costumbre, cuando veo que entra un vagabundo, se dirige inmediatamente a una esquina, con la determinación de aquél que recorre el mismo camino diez veces al día, y saca cuatro tercios de cerveza de una caja. Inmediatamente supe lo que significaba: mi búsqueda había terminado. Me acerqué y efectivamente, allí estaba: Dansk Pilsner.


2.25 coronas el tercio, 30 céntimos según un conversor de divisa. Curiosamente, cuesta lo mismo que una manzana en el mismo supermercado. ¿Significa eso que la cerveza cuenta como fruta?
No he podido encontrale ninguna pega: después de beberla, conservo la vista y nada me hace pensar que vaya a convertirme en hombre lobo. Y encima, en botella de cristal, para quedar como un señor. Dansk Pilsner, presiento que éste es el comienzo de una hermosa amistad.

sábado, 27 de agosto de 2011

Y se acabó el curso

Ayer terminé ya el cursillo de dos semanas de danés. La verdad es que estas dos semanas se me han pasado volando, entre las clases, las excursiones y las cervezas. Aunque el curso ha sido muy corto y hemos visto cosas muy básicas, he aprendido bastante más de lo que esperaba en principio. También he conocido a un puñado de gente interesante, de diferentes partes de Europa. Pero, dejando lo más importante para el final, diría que estar en clase rodeado de mujeres después de llevar 5 años haciendo una ingeniería no tiene precio. Me da que ahora cuando empiece a trabajar en el departamento me voy a encontrar una cosa muy distinta...

Os dejo un par de fotos que hicimos durante la "celebración" de fin de curso. Primero, una de mi clase:



Por si os preguntáis a qué viene esa sonrisa de cabroncete... digamos que los profesores tuvieron la amabilidad de sacar cartones de vino (¡australiano!) para celebrar la cosa en condiciones. Y a nadie más parecía gustarle el vino tinto.
Los profesores son Charlotte, que está a la izquierda del todo, y Richard, en el centro y al fondo, unos máquinas los dos. Charlotte siempre estaba hablándonos de cerveza y juergas, y Richard venía a clase en pantalón corto y camiseta (de Rammstein, con frecuencia) así estuviera cayendo un nevazo.
Curiosamente, soy el único de toda la clase que se queda en Aalborg. El resto de la gente va a estudiar en Aarhus, Odense o Copenhague, y habían venido aquí nada más que para hacer el curso.

Y marchando una del curso al completo:




Nada más, seguiré escribiendo alguna tontería que otra conforme tenga tiempo. Nos vemos en los espejos.




miércoles, 24 de agosto de 2011

Nuevas fotos

Buenas a todos. Después de varios días sin escribir y diversas romerías, he puesto un montón de fotos en mi Flickr (está en los enlaces). Voy a comentar un poquillo lo que podéis ver en cada álbum.

Hirtshals

Hirtshals es una ciudad situada justo al norte de Jutlandia, de la que zarpan los barcos que van a Noruega, Islandia, etc. Nos fuimos el fin de semana pasado de domingueo. Podéis ver el puerto y algunos barcos en las fotos. Tiene una playa cojonuda también, de arena blanca y fina. Eso sí, el agua estaba más fría que la comunión de un pingüino.

Skagen

Skagen es el extremo norte de Dinamarca. Antes de llegar a la ciudad de Skagen hay zona con dunas de arena que podéis ver en las fotos. Parece un desierto en miniatura. También visitamos Grenen, el punto en el que confluyen los mares Skagerrak y Kattegat. En las fotos se ve claramente cómo las olas vienen en todas las direcciones. El sitio estaba abarrotado de gente, porque todo el mundo quiere echarse la foto en la punta de Dinamarca.
La playa es impresionante, mejor incluso que la de Hirtshals. El agua estaba limpia y buenísima. Me pregunto cómo puede ser que no hubiera nadie bañándose.
Skagen tiene también un museo de arte genial. No eché fotos de las pinturas, pero si tengo tiempo, ya comentaré algo más por aquí. El último sitio que visitamos es una iglesia semihundida por la arena.

Feggesundvej y alrededores

Este álbum no tiene interés turístico ninguno, tan sólo quería mostraros un poco cómo es la zona en la que vivo ahora. En resumidas cuentas: césped y edificios pequeños. En la calle de al lado tengo un estanque con patos, por cierto.

Camino del campus

Lo mismo, éste es el camino que recorro por las mañanas para ir al campus desde mi piso. Aproveché uno de los escasos días de sol que hay por aquí para echar las fotos. Podéis ver lo apañados que son los carriles bici de aquí.

Aalborg desde las alturas

El otro día subimos a la torre de Aalborg a ver la ciudad desde arriba, porque aquí no hay miradores ni nada por el estilo. Es todo llano, salvo por cuatro colinillas de baja altura. En las fotos no se ve gran cosa por culpa del cristal, pero es lo que hay.

martes, 16 de agosto de 2011

El idioma danés y su pronunciación

Bueno, ya que estoy sumergido de lleno en el curso de danés, interrumpo las entregas cronológicas (era un coñazo ya) para mostraros las fatigas que estoy pasando. Echadle un vistazo a este vídeo de la televisión noruega parodiando el danés. No sé si estarán hablando danés en realidad, pero no suena para nada a lo que se oye por aquí. El danés es todo vocales, y las pocas consonantes que sueltan hay que pronunciarlas con la lengua anestesiada. Por no hablar del sistema de números que tienen (ya os contaré algo de esto, que está curioso).

domingo, 14 de agosto de 2011

El hostal (afú afú)

Seguimos con las entregas cronológicas de la antología del desastre para presentaros el DANHOSTEL. Aunque no lo he dicho en la anterior entrada, creo que es digno de mencionar el hecho de que, en un último golpe de humor socarrón, la Student House tiene un cartel que dice: "si encuentras la oficina cerrada, búscate alojamiento en el Danhostel". Es la clase de mensaje de apoyo moral que a uno le gusta leer cuando se está acordando de los familiares de más de uno.
Pues bien, como os contaba, me dirigí en autobús al hostal, que está más o menos donde Dios tiró el palo y no quiso ir a recogerlo. Nada más llegar me encuentro con que el susodicho hostal es más bien un camping como de casillas. Pregunto por las habitaciones, y me dicen que son cabañas en realidad y que los baños son compartidos y están en otra cabaña. Ni el hotel Palace, vamos. Pues nada, pago la habitación, y me dirijo a mi cabaña. Esto es lo que me encuentro por fuera:


Perfecto, justo lo que quería, dormir entre cuatro palos. Y seguro que alguno estará pensando "oh, qué bonita", pero tened en cuenta que esa foto la eché al día siguiente cuando hacía sol y ya tenía que dejar la cabaña. Cuando llegué hacía un tiempo asqueroso y el suelo era un barrizal y, claro, así las cosas se ven distintas. Podéis ver el resto de fotos en el Flickr que tenéis en los enlaces.
Bueno, pues la cabaña era básicamente eso: cuatro palos que albergaban seis (!) camas, tres ventanas, un tragaluz (que dejaba pasar el sol a las 5 de la mañana para despertarme), una mesa y una lámpara con una mancha muy sospechosa (¿¿sangre??) que ha quedado preservada para la posteridad en la foto. En cuanto a las camas... ¿sabéis la coña ésta que se dice sobre "la prueba de la llave" para los bocadillos de lomo, que si los cachos de lomo no son más anchos que una llave, el bocadillo es un timo? Bien, pues los colchones no pasaban la prueba de la llave. Así que nada, como tenía colchones para echarle a los marranillos, me hice una cama 'deluxe' juntando tres de ellos. Eso sí, tuve que ir a "alquilar" las sábanas en la recepción, porque no había sábanas de ningún tipo.
Como ya tenía todo listo, aproveché para ir a la "sala multimedia" del camping, en la que conocí a unos personajes un tanto pintorescos. El primero, un indio, sentado descalzo en uno de los ordenadores, buscando la palabra "accident" en YouTube y riéndose a carcajadas con vídeos de gente cayéndose. A su izquierda, un tipo con aspecto de árabe, duro de oído, hablando a voces con alguien a través del Messenger y pegando corriendo el oído al altavoz del portátil para oír la respuesta. Pero mi favorito era un borracho encapuchado tumbado en un sofá y gritándole a la tele lo que imagino que serían obscenidades en danés. Aproveché como pude para hablar con mi familia y un amigo en Skype, dando vueltas por la habitación con el portátil en la mano, intentando evitar a los personajillos.
Y nada, cuando ya estaba reventado, volví a la cabaña para disponerme a dormir con la cálida sensación que aporta el saber que, no muy lejos, en otra de las cabañas, probablemente habría un individuo limpiando una escopeta y hablando en susurros.

El viaje (afú)

Llegué a Aalborg el día 11 de agosto. No empiezo el proyecto hasta septiembre, pero he venido antes para hacer un curso de danés que empieza el día 15. El viaje había comenzado muy bien, porque no tuve problemas con los vuelos ni con las maletas. El primer vuelo salió de Málaga, donde hacía bastante calor, y aterrizó en Copenhague, donde hacía un tiempo de perros. Luego tomé otro vuelo hasta Aalborg que fue algo así como un paseo en autobús, por el espacio en cabina y por la duración.
Hasta aquí todo iba sobre ruedas, así que la cosa sólo podía empeorar. Esperaba encontrarme con algún problema al recoger las maletas, pero al minuto de bajar del avión tenía la mía en la mano. En serio, qué eficientes son los nórdicos estos, en Granada tendríamos que haber esperado a que el del aeropuerto se echara un café y regara las patatas que planta detrás.
Lo bueno empieza ahora. Lo primero que tenía que hacer al llegar a la ciudad era llegarme a la oficina de alojamiento para estudiantes ubicada en la Student House para recoger las llaves de mi piso (la universidad de Aalborg tiene la amabilidad de buscarnos alojamiento). Pues bien, en el autobús me encuentro con otra chica que había llegado en el mismo vuelo y me dice que ella se había buscado un hotel para esa noche porque le habían dicho que no podía recoger las llaves por la tarde. Primera señal de alarma. Yo lo pregunté claramente y me dijeron que sí, pienso, así que intento no darle más importancia. Llego a la oficina y, como no podía ser de otra forma, me la encuentro cerrada. Pues nada, ya me puedo volver a Granada. Estoy con una maleta de más de 20 kilos y otra de 8 en mitad de una ciudad que no conozco, con un viento asqueroso y amenazando lluvia. Llamo a los números de teléfono que llevo apuntados, pero son todos de oficinas y siempre me salta un mensaje pregrabado en danés del que no entiendo una sola palabra. Empiezo a preguntar a la gente que pasa -no muchos, por cierto, la ciudad empieza a vaciarse a las 6- si saben algo de la oficina, y todos me responden muy amablemente, pero nadie sabe nada. Desesperado, me meto en un restaurante de aspecto bastante caro que hay al lado, con las maletas y todo. Tengo la suerte de que uno de los camareros estudia en la universidad e intenta ayudarme. Busca los números de teléfono del personal encargado de estos temas y llama, pero no responde nadie. Cuando lleva ya como media hora pendiente de esto y no localiza a nadie, me da el teléfono de un colega suyo que lleva algún tema de estudiantes Erasmus y la dirección de un hostal por si no me queda más remedio que buscarme habitación. La cosa es que si me meto de esta guisa en un restaurante en Granada tengo al minuto al camarero echándome con la escoba. Por eso estos países nos llevan tanto adelanto y nosotros estamos todavía colgados del árbol.
A las 18.30 me meto en una cafetería con wifi -que estaba cerrando ya- para contarle la movida a mi hermano por Skype. A las 7 me echan, así que cojo y llamo por teléfono al chaval éste, colega del tío del restaurante. Quedamos enfrente de la Student House y, como no podía ser de otra forma viniendo de un danés, se tira otra media hora llamando a gente y buscando información para intentar ayudarme. Al final no conseguimos nada, y como ya estaba harto, me meto en el Burger King para comer y cojo el autobús en dirección al hostal. Pero esto ya lo cuento en otro capítulo, que me estoy cansando ya.

Bienvenidos

Buenas a todos. Para los que no me conozcáis, os pongo en situación brevemente: me llamo Víctor, estudio Ingeniería de Telecomunicación y estoy de Erasmus en Aalborg, Dinamarca, durante el curso 2011-2012 para realizar el proyecto fin de carrera. He hecho este blog precisamente para contar cuatro cosillas de mi estancia, las impresiones e ideas que me vayan surgiendo. Y voy a empezar ahora mismo contando cómo ha sido mi viaje, así que nos vemos en la siguiente entrada.