Bueno, pues sólo han pasado tres meses. Ya comenté que iba a intentar escribir más a menudo aquí y ya veis que siempre cumplo mis promesas. Varios factores me han impedido actualizar esto; entre ellos, la más absoluta de las flojeras. También la falta de tiempo y el hecho de que se me escacharró la cámara hace ya bastante tiempo. Pero aquí está el tío dando guerra otra vez, y esta vez juro por el niño Dios que fue ahorcado en la cruz que cogeré la costumbre de ir contando cosas. Por lo pronto, podéis esperar un montón de fotos en breve. Pero eso lo dejo para otro día.
En estos tres meses he hecho varios viajes que relataré en su momento. Incluso he hecho turismo en mi propia ciudad, quién lo iba a imaginar. Por lo demás, la vida sigue más o menos igual: muchos días de trabajo y muchas fiestas. El proyecto está cada vez más interesante, aunque veremos a ver si no se nos va de las manos. Le Cuchitril sigue en pie y pronto se procederá a su apertura oficial al público -¡seis meses después!-. Es lo que tiene vivir donde Jesucristo perdió la chancla. Ah, ya no quedan buenas blasfemias como las de antes.
Una cosa sí os tengo que decir: los que no habéis estado de Erasmus no imagináis lo irritante que puede llegar a ser tener que escuchar las mismas cuatro canciones en todas las fiestas. Cada vez que oigo esto o esto me entran ganas de pegarme siete tiros. Pero no penséis que la cosa mejora si te vas a un bar, porque en Dinamarca ocurre un fenómeno curioso: esas canciones que nos acompañaron en nuestros años mozos -o a nuestros padres, que para el caso...-, que pensábamos que se habían perdido en el olvido para nunca volver, vienen a pasar su decadente vejez a este bello reino. Y la muchachada local lo vive con entusiasmo y hasta con una pizca de orgullo: vaya coros que se marcan, abrazándose en grupo y cantando el estribillo de Summer of 69. Mi plan para cuando sea mayor es abrir un bar en condiciones aquí, con buena cerveza y tapas, a precios granadinos y con música apañada. Seguro que me voy a la ruina en dos meses. Ofú, qué gentuza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario