domingo, 14 de agosto de 2011

El hostal (afú afú)

Seguimos con las entregas cronológicas de la antología del desastre para presentaros el DANHOSTEL. Aunque no lo he dicho en la anterior entrada, creo que es digno de mencionar el hecho de que, en un último golpe de humor socarrón, la Student House tiene un cartel que dice: "si encuentras la oficina cerrada, búscate alojamiento en el Danhostel". Es la clase de mensaje de apoyo moral que a uno le gusta leer cuando se está acordando de los familiares de más de uno.
Pues bien, como os contaba, me dirigí en autobús al hostal, que está más o menos donde Dios tiró el palo y no quiso ir a recogerlo. Nada más llegar me encuentro con que el susodicho hostal es más bien un camping como de casillas. Pregunto por las habitaciones, y me dicen que son cabañas en realidad y que los baños son compartidos y están en otra cabaña. Ni el hotel Palace, vamos. Pues nada, pago la habitación, y me dirijo a mi cabaña. Esto es lo que me encuentro por fuera:


Perfecto, justo lo que quería, dormir entre cuatro palos. Y seguro que alguno estará pensando "oh, qué bonita", pero tened en cuenta que esa foto la eché al día siguiente cuando hacía sol y ya tenía que dejar la cabaña. Cuando llegué hacía un tiempo asqueroso y el suelo era un barrizal y, claro, así las cosas se ven distintas. Podéis ver el resto de fotos en el Flickr que tenéis en los enlaces.
Bueno, pues la cabaña era básicamente eso: cuatro palos que albergaban seis (!) camas, tres ventanas, un tragaluz (que dejaba pasar el sol a las 5 de la mañana para despertarme), una mesa y una lámpara con una mancha muy sospechosa (¿¿sangre??) que ha quedado preservada para la posteridad en la foto. En cuanto a las camas... ¿sabéis la coña ésta que se dice sobre "la prueba de la llave" para los bocadillos de lomo, que si los cachos de lomo no son más anchos que una llave, el bocadillo es un timo? Bien, pues los colchones no pasaban la prueba de la llave. Así que nada, como tenía colchones para echarle a los marranillos, me hice una cama 'deluxe' juntando tres de ellos. Eso sí, tuve que ir a "alquilar" las sábanas en la recepción, porque no había sábanas de ningún tipo.
Como ya tenía todo listo, aproveché para ir a la "sala multimedia" del camping, en la que conocí a unos personajes un tanto pintorescos. El primero, un indio, sentado descalzo en uno de los ordenadores, buscando la palabra "accident" en YouTube y riéndose a carcajadas con vídeos de gente cayéndose. A su izquierda, un tipo con aspecto de árabe, duro de oído, hablando a voces con alguien a través del Messenger y pegando corriendo el oído al altavoz del portátil para oír la respuesta. Pero mi favorito era un borracho encapuchado tumbado en un sofá y gritándole a la tele lo que imagino que serían obscenidades en danés. Aproveché como pude para hablar con mi familia y un amigo en Skype, dando vueltas por la habitación con el portátil en la mano, intentando evitar a los personajillos.
Y nada, cuando ya estaba reventado, volví a la cabaña para disponerme a dormir con la cálida sensación que aporta el saber que, no muy lejos, en otra de las cabañas, probablemente habría un individuo limpiando una escopeta y hablando en susurros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario