domingo, 14 de agosto de 2011

El viaje (afú)

Llegué a Aalborg el día 11 de agosto. No empiezo el proyecto hasta septiembre, pero he venido antes para hacer un curso de danés que empieza el día 15. El viaje había comenzado muy bien, porque no tuve problemas con los vuelos ni con las maletas. El primer vuelo salió de Málaga, donde hacía bastante calor, y aterrizó en Copenhague, donde hacía un tiempo de perros. Luego tomé otro vuelo hasta Aalborg que fue algo así como un paseo en autobús, por el espacio en cabina y por la duración.
Hasta aquí todo iba sobre ruedas, así que la cosa sólo podía empeorar. Esperaba encontrarme con algún problema al recoger las maletas, pero al minuto de bajar del avión tenía la mía en la mano. En serio, qué eficientes son los nórdicos estos, en Granada tendríamos que haber esperado a que el del aeropuerto se echara un café y regara las patatas que planta detrás.
Lo bueno empieza ahora. Lo primero que tenía que hacer al llegar a la ciudad era llegarme a la oficina de alojamiento para estudiantes ubicada en la Student House para recoger las llaves de mi piso (la universidad de Aalborg tiene la amabilidad de buscarnos alojamiento). Pues bien, en el autobús me encuentro con otra chica que había llegado en el mismo vuelo y me dice que ella se había buscado un hotel para esa noche porque le habían dicho que no podía recoger las llaves por la tarde. Primera señal de alarma. Yo lo pregunté claramente y me dijeron que sí, pienso, así que intento no darle más importancia. Llego a la oficina y, como no podía ser de otra forma, me la encuentro cerrada. Pues nada, ya me puedo volver a Granada. Estoy con una maleta de más de 20 kilos y otra de 8 en mitad de una ciudad que no conozco, con un viento asqueroso y amenazando lluvia. Llamo a los números de teléfono que llevo apuntados, pero son todos de oficinas y siempre me salta un mensaje pregrabado en danés del que no entiendo una sola palabra. Empiezo a preguntar a la gente que pasa -no muchos, por cierto, la ciudad empieza a vaciarse a las 6- si saben algo de la oficina, y todos me responden muy amablemente, pero nadie sabe nada. Desesperado, me meto en un restaurante de aspecto bastante caro que hay al lado, con las maletas y todo. Tengo la suerte de que uno de los camareros estudia en la universidad e intenta ayudarme. Busca los números de teléfono del personal encargado de estos temas y llama, pero no responde nadie. Cuando lleva ya como media hora pendiente de esto y no localiza a nadie, me da el teléfono de un colega suyo que lleva algún tema de estudiantes Erasmus y la dirección de un hostal por si no me queda más remedio que buscarme habitación. La cosa es que si me meto de esta guisa en un restaurante en Granada tengo al minuto al camarero echándome con la escoba. Por eso estos países nos llevan tanto adelanto y nosotros estamos todavía colgados del árbol.
A las 18.30 me meto en una cafetería con wifi -que estaba cerrando ya- para contarle la movida a mi hermano por Skype. A las 7 me echan, así que cojo y llamo por teléfono al chaval éste, colega del tío del restaurante. Quedamos enfrente de la Student House y, como no podía ser de otra forma viniendo de un danés, se tira otra media hora llamando a gente y buscando información para intentar ayudarme. Al final no conseguimos nada, y como ya estaba harto, me meto en el Burger King para comer y cojo el autobús en dirección al hostal. Pero esto ya lo cuento en otro capítulo, que me estoy cansando ya.

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